1. Empieza por lo evidente, no por lo difícil
Saca primero lo roto, lo manchado, lo que ha perdido la forma y lo que no te vale. Son decisiones que no cuestan nada y te dan impulso para las que sí cuestan.
2. Trabaja por categorías, no prenda a prenda
Junta todas las camisetas, después todos los pantalones, después los abrigos. Solo viendo la categoría entera te das cuenta de que tienes nueve camisetas negras casi idénticas.
3. Aparta lo que siempre te saltas
Si una prenda la ves cada mañana y nunca la eliges, ya has tomado la decisión: llevas meses tomándola. Solo falta reconocerla.
4. Revisa la ropa de una vida que ya no llevas
Ropa de otro trabajo, de otro momento social, de otro estilo. No está estropeada, simplemente ya no es tuya. Esa es la categoría que más espacio ocupa en la mayoría de armarios.
5. Deja de pagar el alquiler de las compras caras y equivocadas
El dinero ya está gastado. Conservar la prenda no lo recupera: solo añade culpa y ocupa el mejor sitio del armario. Véndela de segunda mano o dónala.
6. Guarda por frecuencia de uso, no por tipo
Lo que te pones cada semana va a la altura de los ojos y al frente. Lo de temporada, arriba. Lo de ocasiones especiales, al fondo. Ese orden ahorra tiempo cada mañana.
7. Fija una revisión por temporada
Ordenar un armario no es un proyecto único. Dos revisiones cortas al año, al cambiar de temporada, evitan volver al punto de partida.